Victor Perez (73 años)- Artesano

Abril 03, 2017 · Hombres, Sin pensión

Victor siempre ha sido una persona multifacética. Desde hace 15 años se dedica a la elaboración y venta de manualidades en la Feria de Barranco junto con su esposa pero anteriormente se ha desempeñado en muchos otros rubros. En la década de los 60, dejó Ferreñafe, su tierra natal, para estudiar derecho y periodismo. Antes de titularse comenzó a trabajar en distintos diarios de la época como La Crónica, Correo, Expreso y Extra hasta que le ofrecieron ser director de noticias de un canal de televisión en Chiclayo. Siempre a la búsqueda de noticias frescas y aventuras nuevas, viajó por toda Centroamérica escribiendo notas para distintos medios escritos mientras residía en Nicaragua donde también tenía un restaurante de comida peruana llamado “Machu Picchu”. Todo iba muy bien hasta que en 1972 un gran terremoto arrasó con la ciudad de Managua y perdió todo lo que había construido. Victor decidió comenzar de nuevo. Como en Lima no había muy buenos trabajos para él, viajó a Brasil y se dedicó por un tiempo a la distribución y la producción de libros. A fines de 1980, regresó a Perú y comenzó a trabajar en la venta de textiles de la Fábrica la Unión lo cual lo hacía viajar por todo el país. Paralelamente, seguía escribiendo notas de prensa que eran leídas alrededor del mundo y hacía cachuelos como escribir discursos políticos para candidatos. 

De pronto, una súbita enfermedad hizo cambiar su vida: sufrió un derrame cerebral. “Era como si fuera un niño… Tenía que aprender todo de nuevo. Me ponían en la puerta el nombre que decía ‘puerta’, ‘pronuncia puerta’, me decían. Todo eso tuve que aprender. ¡Toda la rehabilitación duró 3 años!”- relata sobre esa difícil época. Victor no se rindió nunca y gracias a su perseverancia, a una buena profesora que le ayudó en su recuperación y el amor de su familia, logró salir adelante. Debido a este problema dejó de escribir; sin embargo, Victor se sumergió en el oficio que ahora practica, el cual le sirve como una nueva fuente de ingresos. El nuevo oficio de Victor le permite tener una rutina de trabajo mucho más calmada que la que tenía en épocas anteriores de su vida ya que no implica realizar grandes viajes y ahora puede trabajar en casa en compañía de su esposa. Sus artesanías son confeccionadas a base de materiales reciclados. Elaboran lámparas hechas con cáscaras de huevo, imágenes de las famosas líneas de nazca dibujadas en botellas que pueden utilizarse como floreros o lámparas, cofres hechos con cáscara de naranja y figuras con alambre y tejidos. Su jornada de trabajo comienza a las seis de la mañana cuando ambos se despiertan para ver las noticias y alistarse. Se dividen tareas y se ayudan mutuamente en la elaboración de sus distintos productos. Luego de trabajar durante el día, usan parte de la tarde para visitar a sus familiares o amigos que viven cerca y por la noche continúan sus trabajos manuales hasta la hora de dormir. Los fines de semana venden sus trabajos en un puesto de la Feria de Barranco. Llegan a la plaza a las diez de la mañana para dejar listo todo y al mediodía comienzan a atender al público hasta las nueve de la noche. 

A veces Victor recuerda sus épocas de periodista aventurero y siente saudade, una palabra en portugués que el utiliza para describir la añoranza y el dolor por no poder usar el idioma como lo hacía antes, esa capacidad de encontrar siempre la palabra perfecta. “Es como si hubieras sido chofer y te cortaron la mano. Podrías usar una mano pero nadie te contrataría para que lleves a sus hijos al colegio. Es un riesgo… Y el idioma también, el idioma puede ser un riesgo si lo utilizas mal”- dice Victor al contarnos que luego de que sufrió el derrame cerebral dejó de ejercer como periodista. Al inicio se forzó a hacerlo y peleó consigo mismo para escribir pero finalmente decidió dejarlo ir. “Es como cuando tú llegas a la conclusión de que tus padres murieron”- explica-. “Por eso digo que la virtud más grande, más allá de la fe, esperanza, caridad y todo eso, para mí la esencia de la vida es el olvido. Si no fuera por el olvido no podríamos vivir. Porque si se muere una persona muy cercana, ¿no justificas la muerte un tiempo? El olvido te va dejando, te va apartando del problema. En el corazón lo sigues sintiendo pero intelectualmente ya aceptamos mediante el olvido alejarnos de la realidad. No pretendo decir que voy a escribir, eso ya pasó”- nos enseña Victor. Durante su enfermedad comenzó a conocer una nueva faceta artística que no sólo fue para él una forma de terapia sino que ahora es un trabajo que disfruta mucho y no desea dejar de ejercer por varias razones. Actualmente, es una persona sana por lo que tiene las capacidades para seguir haciéndolo y, aunque sus hijos lo apoyan económicamente en algunas ocasiones, no le parece adecuado depender de ellos. Además, Victor es una persona muy acostumbrada al trabajo y a la interacción con los clientes ya que, como él mismo lo dice “siempre he sido un vendedor: primero de noticias, luego de telas” y ahora de sus hermosas artesanías.

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