Mirella Carbone (63 años)- Bailarina

Abril 03, 2017 · Mujeres, Pensionistas

Mirella se enamoró del ballet desde que empezó a tomar clases en el colegio Raimondi, pero nunca imaginó que esta actividad podría convertirse en una carrera. Por ello, antes de ser bailarina, trabajó desde muy joven en distintos rubros, viajó mucho fuera del país e incluso estudió Historia del Arte en Europa y cine en Estados Unidos. Cuando volvió a Perú en 1982, encontró que la danza estaba cobrando una nueva importancia y se había comenzado a enseñar Danza Moderna en el país. Ello la animó a reencontrarse con esa antigua pasión y desde ese momento ya no pudo parar de bailar. A sus 35 años, comenzó a trabajar de manera independiente en academias, gimnasios y colegios; poco después decidió formar su propia academia de danza lo cual fue un momento muy emocionante en su carrera y la bautizó “Escuela de Danza Pata de Cabra”. Esta escuela duró sólo siete años, pero generó un movimiento artístico muy grande en Lima. Gracias a ese proyecto, la invitaron a trabajar en Ecuador en la ONG “Centro de Acción de la Mujer”. Por cinco años realizó trabajo comunitario con campesinas, desarrollando “obritas con temáticas que en esa época eran prioritarias como alfabetización, salud, el uso del anticonceptivo, de las vacunas” –nos explica. Además, durante esa época incursionó en el teatro callejero en Guayaquil, formando parte del “Programa de Danza para la Paz y la Cultura”. Para Mirella, intervenir en la calle le “dio mucha fuerza porque… yo era muy joven, entonces ahí siento que aprendí mucho, experimenté mucho y después de haber hecho todo ese trabajo regresé a Lima”.     

Desde hace 15 años, Mirella trabaja en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) con el deseo de hacer que la danza pueda convertirse en una disciplina universitaria o escolarizada. Esto implicó que comenzara a asumir tareas de corte administrativo en su facultad además de otras actividades que también le apasionan como la investigación y la docencia. A pesar de estar siempre llena de trabajo, procura robarle algunas horas al día y bailar por las noches. 

“Estoy todo el día entre el piso y la silla”- así describe Mirella su rutina de trabajo cotidiana. Al ser Coordinadora de la Especialidad de Danza, directora de la Escuela de Danza de Formación Continua y profesora a tiempo completo de la PUCP debe hacer mucho trabajo de oficina, pero también moverse constantemente y bailar. Su día inicia en la oficina de la Facultad, donde revisa sus pendientes y responde correos de urgencia. Luego, dicta clases por la mañana y “entra en acción”, ya que, sus clases buscan que sus alumnos se muevan y “experimenten un poco en sus cuerpos lo que significa la danza”. Mirella los observa, dirige sus exploraciones y se mueve con ellos en esa búsqueda de nuevas formas de entender y habitar sus propios cuerpos. Luego de cumplir con sus numerosas responsabilidades en la universidad, tiene otros proyectos que la llenan de emoción. Con el apoyo de la Dirección de Responsabilidad Social de la universidad, realiza anualmente el proyecto “Cuerpo Intervenido” donde trata la temática de género. Además, dirige coreografías propias y ajenas. “Estoy haciendo una investigación personal de movimiento para ponerla en escena. Entonces, a veces me encierro en las nochecitas cuando hay un poco de tiempo y energía, y ensayo sola. Me encierro en una sala de danza y comienzo a indagar como por un par de horas con cosas que van naciendo”- explica Mirella sobre su proceso creativo.

“¿Habrá algún momento en que deje de bailar?” – se pregunta Mirella. Actualmente no tiene deseos de dejar este arte, su forma de expresarse y reconectarse consigo misma. “Si pierdo la pasión, ya no quisiera vivir” reflexiona. Actualmente, esa pasión la encuentra en la danza, pero si algún día sintiera lo mismo por otra actividad, le daría la bienvenida con el corazón abierto. “Si tú de acá a 5 años ves que la loca de Mirella se fue a trabajar en el manicomio o ahora es pintora ¡Qué importa, mientras me nazca la pasión!” – dice riendo. Mirella es consciente de que su cuerpo ha cambiado con el pasar de los años pero piensa que eso no es de ninguna forma un impedimento para continuar bailando. “Mi cuerpo no es un cuerpo de treinta años ni de cuarenta, sino de sesenta. Ya no me puedo mover como me movía antes y ¡No me interesa tampoco!”– confiesa. Uno tiene la tarea y el placer de continuar descubriéndose a lo largo de la vida. La danza es para Mirella una forma de contar la historia que está inscrita en su cuerpo. El tiempo también nos regala mayor experiencia y autoconocimiento, algo que Mirella llama “conciencia o sabiduría corporal”. En un futuro, si sus capacidades físicas fueran disminuyendo, encontraría maneras de bailar. “Mientras pueda mover una mano puedo hacer una danza de la mano”- explica riendo - “¿Por qué no? Puf… puedes hacer mil cosas. Kazuo Ono, este bailarín de butoh, bailó hasta los ciento y pico de años”- dice con asombro y admiración. Para Mirella es una suerte no tener que trabajar sólo por dinero. Actualmente sus gastos son mínimos, nunca ha sido una mujer de muchos lujos “Si tengo suficiente para poder viajar una vez al año, todo está bien, porque me encanta”. Ahora lo que quiere es usar su tiempo y su energía en hacer en pocas cosas que verdaderamente le apasionen, como seguir creando.

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