Jesús Urbano (62 años)- Retablista

Abril 03, 2017 · Hombres, Sin pensión

Jesús Urbano no sólo heredó el nombre de su padre sino también su enorme talento. Su papá fue uno de los artesanos ayacuchanos más famosos de todos los tiempos debido a que fundó la Escuela Gratuita de Artesanía Artística y a las innovaciones que hizo en el retablo tradicional. El primer carrito de juguete de Jesús fue una cajita de retablo del taller de su papá. Simplemente, tiene este arte en las venas. Desde muy pequeño comenzó a aprender ayudando a su padre con el método de enseñanza “malogrando se aprende”- dice sonriendo. Así también aprendió hacer diversos tipos de artesanía en la Escuela de su familia. A pesar de sus dotes naturales, Jesús quería estudiar antropología pero, cuando terminó la secundaria a fines de los años 70, las universidades ayacuchanas estaban siendo azotadas por un periodo de violencia política lo cual hizo que abandonara ese sueño y se dedicara de manera profesional al retablo. Le iba muy bien cuando comenzó a trabajar porque el turismo en Ayacucho estaba en auge. Este periodo de bonanza terminó con el estallido de la guerra armada que sufrió su ciudad.

Jesús no quería irse de su tierra pero no había trabajo y debía de proteger a su familia. “El ejército empezó a entrar casa por casa y sacaban a toda la gente, la hacían desaparecer. Es que, como se dice, un terrorista no tiene acá en la frente ‘yo soy terrorista’. A veces justos pagan por pecadores”- explica Jesús. Comenzó muy humildemente en Lima. No tenían ni casa ni dinero. Alquiló un pequeño cuarto para él y su familia y se afilió a una empresa llamada Artesanías del Perú que le pedía retablos a concesión. Le iba bien, unos años después se enteró que el gobierno estaba desarrollando un proyecto habitacional de casas- taller para artesanos muy cerca al aeropuerto y se inscribió logrando tener una vivienda propia. Con el tiempo, Jesús ha ganado un gran renombre como artesano lo cual le permite contar con la estabilidad laboral para vivir tranquilamente. Ahora, trabaja de manera independiente haciendo retablos a pedido y para exhibiciones. 

Jesús se levanta todos los días a las seis de la mañana. Se alista y baja las escaleras que dividen su casa del taller para comenzar su jornada laboral junto con su esposa e hija Catherine. Por lo general, trabaja todos los días de la semana hasta las ocho o nueve de la noche, incluso los domingos. El proceso de elaboración de un retablo es bastante largo pero Jesús no lo considera ni cansado ni tedioso como lo sería ser albañil o estar en una oficina.

¿Cómo se hace un retablo? Primero se visualiza la situación que se desea retratar y uno se transporta en sus recuerdos a ella. “¡Es casi como ir a esa misma fiesta!”- exclama Jesús- “veo lo más gracioso, lo más anecdótico y eso trato de plasmar al retablo. Y así, a veces uno se olvida del tiempo. Claro, ahora ya es más fácil ver las fiestas y costumbres que quieres plasmar porque en la televisión lo sacan. En cambio, antes no. Tú mismo debías de ir a todos los pueblos a ver cómo eran sus fiestas, sus costumbres y su comida”, dice Jesús asombrado por estos cambios. Luego, se deben de elaborar las figuras o personajes que estarán presentes. “Mi hija y yo hacemos las figuras. Por ejemplo, ella va haciéndole vestir: con su poncho, con su sombrerito, el pelo”- nos cuenta. Posteriormente se preparan las cajas u otros materiales (espejos, calabazas, maderas, etc.) donde se plantan o colocan las figuras. Por último se barniza el retablo para protegerlo del polvo y que dure más. Jesús es un artesano muy creativo por lo que no sólo hace retablos tradicionales o “San Marcos” que se usan para el pago a la tierra sino también formatos innovadores por las temáticas que retratan pero también por los materiales y usos que tienen: retablos en cajas de madera, en calabazas, bambú, espejos, etc. Además, ahora que sus hijos ya son profesionales y no dependen económicamente de él, ya no sólo hace piezas comerciales sino que también se aventura a hacer piezas mucho más elaboradas para exhibición.

“Hasta mi último suspiro, el retablo será parte de mí”- dice Jesús quien considera este arte como parte crucial de su identidad. El retablo es Ayacucho, es su niñez y sobre todo es su padre. Por eso, continuar trabajando significa honrar su memoria. Este trabajo –que él llama su “terapia”- le ha traído satisfacción y reconocimiento en Perú y fuera al ganar numerosos premios como el de Mejor Artesano de Sudamérica. ¿Cuál es la parte difícil de ser artesano? Jesús piensa que es un quehacer bastante sedentario e implica mucho tiempo de dedicación. Finalmente, no cuenta con una pensión de jubilación o seguro de salud porque trabajó de manera independiente toda su vida y esto es algo que suele preocuparle. “Yo siempre pienso: ‘mi señora no tiene seguro, yo no tengo seguro’. Y claro, si no tengo plata me muero. Es que imagínese para el hospital, si no tienes plata no te atienden. Por eso tratamos de ahorrar para cualquier cosa”- dice preocupado.

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