Genaro Ibañez (88 años)- Director de AMURPOL

Abril 03, 2017 · Hombres, Pensionistas

Genaro, lambayecano de nacimiento, ha guiado su vida bajo el lema "lealtad, honor y justicia" desde que ingresó a la Escuela de Policía en 1951 cuando tenía apenas 22 años de edad. Cuando comenzó su carrera, trabajó por dos décadas en la Comandancia de Tránsito – un oficio peligroso que implicaba estar siempre en las calles – y posteriormente fue promovido a Cabo de Guardia N° 1 en la Comisaría de Miraflores en la Sección de Accidentes donde se dio de baja en el año 2002. Luego de servir 51 años a la Policía Nacional del Perú, actualmente sigue aportando a esta institución como Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mutual de Sub-Oficiales en Retiro (AMURPOL). Esta Asociación fue fundada en 1953 con el objetivo de garantizar el bienestar social y económico de los oficiales jubilados y sus familias. A pesar de tener estas nobles intenciones, una mala administración perjudicó mucho a la institución y la hizo entrar en crisis. Por estas razones, pidieron a Genaro –quien acababa de jubilarse– que tome la dirección y se encargue de “poner orden”. Luego de denunciar a los responsables anteriores de la organización, Genaro inició desde cero, eliminando cualquier acto de corrupción. Aún ahora, los distintos miembros de esta asociación están luchando para hacerla crecer y ser lo que era antes.

Como Presidente del Consejo Directivo, Genaro tiene distintas obligaciones que van desde representar a AMURPOL ante distintas instituciones hasta encargarse del sistema administrativo y económico, así como también atender a las numerosas peticiones de los socios. Aunque este es un trabajo de tiempo completo que va desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, su horario es mucho menos demandante al que tenía de joven. Por ello, Genaro siente que tiene más tiempo para disfrutar con su familia, sobre todo con sus nietos. "Mis nietos son maravillosos” –nos cuenta– “mi primer nieto, que ahora es abogado, yo lo crié de chiquito. En él vi la oportunidad de hacer lo que no pude hacer con mis hijos”– confiesa. “A mi nieto yo le iba enseñando y educando, soy su amigo. Yo siempre quise ser amigo de mis hijos pero por el servicio, por mi horario de estar poco en casa, no tenía tiempo para conversar con ellos porque cuando llegaba ellos ya estaban durmiendo, cuando salía estaban durmiendo".

Desde hace ya algunos años está pensando en retirarse, le parecía cansado tener que movilizarse todos los días de su casa a la Asociación y no es un trabajo que esté muy bien remunerado; sin embargo, sus compañeros le pidieron que se quede por un mandato más y él no pudo decir que no. Es que, a pesar de todos los inconvenientes, Genaro trabaja en AMURPOL por convicción. Él desea servir a su familia policial y, aunque siente mucha impotencia de no poder brindarles todos los beneficios que merecen, se esfuerza todos los días porque su Asociación mejore. El trabajo que realiza en AMURPOL es muy valioso para su comunidad pero también es muy preciado para él como persona, “si yo con mi señora nos encerramos en la casa, ya estaríamos muertos” –dice. Genaro explica que esto no significa que tenga miedo a la muerte, no hay nada más natural que morir; él tiene miedo de no haber hecho lo suficiente y eso lo motiva a dar lo mejor de sí. Sabiamente nos explica “es que a esta edad uno le pierde temor a la muerte pero sí tiene un gran temor a perder la vida. Usted pensará que hay una contradicción pero no. La muerte es algo natural porque todos nacemos y morimos. La diferencia está en que –a diferencia del nacimiento– la muerte nadie la puede prevenir. No sabe cuándo, ni a qué hora, ni adonde. Entonces, la muerte es un accidente de la vida. Cuando uno llega a esta edad, uno se aferra más a la vida. Quisiera hacer más cosas que no hice en la juventud. Recién uno se da cuenta –haciendo un examen retrospectivo de su vida– que perdió mucho tiempo sin hacer nada”.

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