Emilia y Juana Arrieta (79 y 76 años)- Floristas

Abril 03, 2017 · Mujeres, Pensionistas

Grand Chic es una florería ubicada en el corazón de Miraflores. Fue fundada en 1956 por la madre de Emilia y Juana Arrieta, sus actuales dueñas. A los 34 años, su madre quedó viuda y tuvo que encontrar una manera de sacar a sus hijas adelante. Así, “sin querer queriendo”, como dice graciosamente Juana, su madre se embarcó en la aventura de abrir esta florería. Leyendo muchos libros, aprendió las técnicas, teorías y los significados de las flores. De esta manera, se convirtió en toda una innovadora del negocio.

La creación de la florería, implicó que Emilia y Juana aprendieran del oficio desde muy jóvenes y ayudaran a su madre a hacerla crecer. “Nos dábamos tiempo para todo, trabajábamos como locas”- ríe Emilia recordando el gran esfuerzo que hicieron todas en esa época. Juana, la más pequeña, fue ayudante de su mamá desde antes de terminar el colegio y Emilia, quien acaba de culminar su educación básica, estaba sumergida en otras múltiples actividades: trabajaba como profesora de una escuela y estudiaba derecho en la universidad. Algunos años después, Juana y Emilia se casaron y tuvieron hijos. Debido a esto, las hermanas hicieron un pacto: Emilia se encargaría de los pequeños mientras Juana permanecería ayudando a su mamá en el negocio durante el día. Eso hicieron hasta que sus hijos cumplieron 8 años y Emilia se reincorporó al trabajo en la florería. Cuando mamá de Emilia y Juana falleció en 1990, todo pareció derrumbarse. “Yo sentí una cosa tremenda. Ella era el timón, ella era todo. Entonces, yo pensé ‘sin ella no hay florería’. Pero la vida es así, la vida continúa”- dice Juana quien ahora dirige la florería junto con su hermana siguiendo el legado de su madre.

Juana y Emilia tienen personalidades y habilidades muy diferentes lo que las hace un equipo que se complementa muy bien. Aprovechando lo que cada una hace mejor, decidieron desde hace mucho tiempo que dividirían las tareas que implica mantener su negocio. Juana tiene una mayor facilidad para manejar la parte contable, la supervisión de los proveedores de flores y la organización del personal encargado del taller para que todos los encargos lleguen a sus dueños a tiempo. Emilia, por su carácter carismático y alegre, se encarga de las relaciones públicas y las cobranzas. A ella “le encanta hablar con la gente, de cualquier cosa te mete letra”- dice Juana describiendo lo parlanchina que es su hermana mayor. Emilia, por su impecable gusto, también se encarga de incorporar los arreglos florales a la recepción de los eventos y de algo importantísimo: conversar con las novias que llegan a la florería. “¡Me encargo de convencerlas de que no hagan idioteces!"- se carcajea bromeando. 

Las hermanas Arrieta nos cuentan que el negocio de las flores ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Cada vez hay más florerías en Lima, antes eran sólo veinte y ahora tal vez son más de doscientas. Los negocios más antiguos con “puerta a la calle” están entrando en competencia con aquellos que funcionan por internet y que no siempre priorizan la calidad de sus productos. Además, han aparecido nuevas modas y estilos de arreglo floral que están entrando en competencia son los tradicionales. “Antes si tú mandabas un arreglo con flor tropical o de estilos japoneses te decían ‘qué me estás mandando, ¡esto es una flor espantosa!’. En cambio, ahora te dicen ‘qué lindo, qué bonito’”- dice Juana explicando que es muy importante mantenerse al día con las nuevas tendencias. Por otro lado, las nuevas generaciones han cambiado sus costumbres con respecto a las flores. Antes había más ocasiones festivas en que era tradicional regalar flores. “Antes por navidad se mandaban flores a montones, ahora ya no. Si te pones a pensar, ¿tú has visto alguna flor por navidad en tu casa? No, ¿no?”- increpa Juana. Incluso, cada vez se vuelve menos común regalar flores en San Valentín o tienen un lugar secundario en las bodas. “Ahora las novias, ¿qué les interesa más del matrimonio? La comida, el baile, la cerveza, por la hora loca. Antes no, antes eran otras cosas”- reclama Emilia.

Emilia y Juana comparten la misma opinión acerca del retiro laboral: NI LOCAS. “La actividad es lo que mantiene a la gente. Métetelo en tu cabecita y ¡trabaja lo más que puedas!”- recomienda efusivamente Juana. Ambas piensan que seguir en actividad es lo que mantiene saludables a las personas. “Te vuelves vieja, te salen más arrugas y te da Alzheimer”, dice Emilia enumerando todos los males que podría ocasionar retirarse. “No necesariamente tienes que trabajar”- dice Juana- “podrías hacer un voluntariado o llevar algún curso interesante como mis amigas que se meten en clases de literatura, clases de no sé qué. La que no hace nada, está fatal. ¿Con quién habla? ¿Con quién mueve su mente, su intelecto?”- se pregunta preocupada. Trabajar es divertido a comparación de estar en casa. Emilia se derrite con las nuevas historias de amor que llevan las novias a su florería y Juana adora hacer arreglos florales. Eso sí, “el trabajo de oficina es antipatiquísimo”- se queja. Además, no encuentra mayor satisfacción que cuando un cliente recibe uno de sus arreglos de flores y le dice 'qué lindo está, lo que yo quería, ha dado en el clavo'. Por otro lado, a pesar de que ambas tengan pensiones de jubilación, esta no alcanza para poder vivir tranquilas. “La gente piensa a veces ‘qué rico, trabajo hasta los 65 que es la jubilación y después, ¡ya no hago nada!’ pero no es así. Ponte a pensar, las jubilaciones en este país no son buenas, ¡nada buenas!”- explica Juana. Es por todo ello, que las hermanas Arrieta podrán tal vez algún día levantarse un poco más tarde o tener una rutina de trabajo menos dura pero seguirán manteniendo el legado que su madre les heredó.

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