Domingo Tamariz (89 años)- Periodista

Abril 03, 2017 · Hombres, Pensionistas

Domingo trabaja como periodista desde hace 71 años. Cuenta que encontró esta pasión de manera muy casual. Desde muy niño sus padres habían planificado que estudie medicina, pero por cosas del destino no ingresó a la universidad. De pronto, un amigo le sugirió inscribirse a la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú; así que, un poco por curiosidad y para no seguir “pateando latas”, ingresó para “ver qué pasa”. Sin pensarlo, le “picó el bichito del periodismo” y ya no puede concebir su vida sin escribir.

“Como tengo tantos años de haber hecho periodismo, ningún campo del quehacer humano me ha sido ajeno” dice orgulloso. Domingo no sólo ha escrito acerca de todo lo que podamos imaginar sino también ha trabajado en innumerables revistas y periódicos famosos. En los años 40 fue redactor de los diarios La Prensa, Última Hora y La Noche. Luego, creó la revista Vistazo y comenzó a trabajar en Caretas como jefe de redacción hasta jubilarse después de 50 años de labor. Era una época de mucha locura y poco sueño porque se amanecía en la sala de redacción supervisando a redactores, enviando a periodistas a diversas comisiones y editando notas de prensa. Paralelamente, a los 65 años comenzó a escribir sus primeros libros en las madrugadas que no pasaba en Caretas. Así, en un lapso de 3 años publicó 3 libros de 400 páginas cada uno, “¿Quién hace eso?” se pregunta orgulloso. A pesar de que Domingo se jubiló a los 72 años, siguió trabajando al mismo ritmo de siempre como colaborador de Caretas hasta los 80 años. Ahora considera que tiene una rutina más calmada pero bastante ocupada.

Domingo hace numerosos trabajos de manera independiente. Es redactor de notas históricas para Caretas, tiene una columna de opinión en El Peruano y se encuentra escribiendo una gran cantidad de libros diferentes en paralelo. Quiere terminar el cuarto tomo de su serie “Memorias de una pasión” que es una autobiografía a través de la prensa. Piensa hacer tres tomos de una serie sobre grandes fundadores del Perú, otro libro llamado los “Peruanos Universales: El orgullo de ser cholo” que incluirá 50 semblanzas de peruanos que han tenido fama internacional resaltando sus aportes a la humanidad abarcando “desde la papa hasta el Cóndor Pasa”. Antes trabajaba 20 horas seguidas y le robaba horas al sueño, ahora tiene una rutina más calmada. Se levanta a las 7 de la mañana y casi religiosamente lee varios periódicos y ve los noticieros matutinos. Desde las 10 am comienza a escribir hasta la hora de almuerzo. Se toma un descanso para ver algún partido de fútbol de temporada y luego regresa a su escritorio a leer y escribir toda la tarde. Fuera del trabajo, participa activamente del Club de Periodistas del Perú, nos cuenta: “(todos) los viernes me reúno con mis amigos a hacer conversatorios, digamos, sobre actualidad. La mayoría son periodistas, poetas, escritores como yo”.

La pasión por escribir se siente “como un aguijón en el pecho” – explica Domingo – “gozo haciendo esto; si no fuera así sería un mediocre escritor o periodista”. Seguir laborando a los 89 años de edad lo llena de alegría, orgullo y satisfacción Trabaja principalmente porque le gusta, y su felicidad al parecer es tan grande que Domingo especula que es el motivo por el cual es una persona tan saludable para su edad: “creo que el trabajo es el que me mantiene en pie y todavía me hace soñar un poco y pensar todavía en el breve futuro que me queda”. Asimismo, nos confiesa que una segunda razón para seguir trabajando es que desea poder disfrutar de los muchos placeres de la vida como lo son una buena comida o un viaje a Nueva York, y su pensión de jubilación no alcanza para esas cosas. Además, en los últimos años han surgido nuevos gastos asociados con su edad como el tener que tomar taxis para movilizarse con comodidad o pagar gastos médicos. “¿Si no trabajara qué haría?” se pregunta y hace una pausa. “La verdad no podría vivir sin trabajar. No sé, no sé qué pasaría si no trabajara. Bueno, leería… pero todo el día no puedo leer, ¿no? Leería dos o tres horas, pero ¿el resto de horas en qué ocuparía el tiempo? No sé… ¡¿En ver televisión?!” dice fastidiado. “No puedo estar sin trabajar, no quiero ser un mueble. De estar sentado ahí todo el día, me muero pronto. Siempre he sido activo, siempre me ha gustado el trabajo. Tanto es así que pocas veces he salido de vacaciones en 60 años de trabajo. He sido siempre hiperactivo, hasta ahora”. Pero inevitablemente “va a llegar el momento en que no pueda trabajar. Uno en que físicamente o mentalmente ya no pueda producir porque llegará a la fuerza ese momento. Espero que se alargue un poco más esta disposición que tengo para el trabajo”.

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