Alejandra Pantoja (71 años)- Empleada doméstica

Abril 03, 2017 · Mujeres, Sin pensión

Alejandra se ganó el apodo de “Chachi” porque es una persona imparable, como un carrito de carreras (“chachicar”). Ella comenzó a trabajar desde los 7 años y desde entonces no conoce la palabra descanso. Chachi nació en Ancash y, como muchos niños de las zonas rurales, ayudaba a sus padres en el cultivo de la chacra. Al cumplir los 9 años, su madrina le prometió llevarla a Lima a estudiar pero eso nunca pasó. En cambio, se mudó con ella a su casa en Huancayo, donde trabajó atendiendo una pensión para estudiantes hasta que cumplió 34 años. “La pensión llegó a tener 60 personas, yo no sé cómo podía con tantas cosas. Tenía que hacer las compras, cocinar, servir el desayuno, almuerzo y comida ¡Y yo lo hacía!” – dice asombrada de sus propias fuerzas. “Tenía que lavar las cosas hasta la una de la mañana. Tantos platos, todas las ollas... Y me levantaba de nuevo a las tres o cuatro de la mañana para hacer el desayuno. Por eso no pude estudiar. Mi vida era trabajar y nada más” – relata su historia un poco apenada de no haber podido culminar su educación. 

Luego de salir de la posada, Chachi viajó a Satipo con sus dos hijos, trabajó por 5 años con una de sus tías llenando cajas con frutas y apilándolas en camiones de carga. Durante esa época, una amiga, que trabajaba como cocinera en una base militar, fue a contarle que un coronel estaba buscando desesperadamente una nana que cuide a su hijo que acaba de nacer en Lima. Al principio, tuvo dudas “¿Podré criar niñitos?” – se preguntaba Chachi; pero, desde que conoció a la familia Bonilla, no se ha despegado ellos ni un día en 22 años. Para Chachi, los niños que ha criado -Rodrigo y Ariana- son sus “hijitos putativos” y no puede vivir sin ellos.

Hace un tiempo atrás, Chachi vivía en la casa de la familia Bonilla, se encargaba del cuidado de los niños y los quehaceres del hogar. Ahora tiene obligaciones domésticas que cumplir en dos casas: la suya, en la Victoria, donde cría a su nieta de 9 años porque su nuera está muy enferma, y la de los Bonilla, en Surco donde la carga laboral se ha aligerado debido a que los niños que antes cuidaba ahora son adultos. Su día comienza a las cinco de la mañana, apenas se despierta prepara el desayuno y almuerzo para su familia, y después alista a su nieta para ir al colegio. Luego de dejarla en la escuela, Chachi sale a trabajar a su “segunda casa”, donde cocina, lava, limpia la casa y arregla el jardín. Regresa a la Victoria las nueve de la noche, y aunque esté muy cansada, cuida a su nieta hasta que se va a dormir “Si no ha comido, le doy su comida, le doy su leche. A veces la limpio, le lavo, le lavo sus pies, le pongo su pijama y le hago acostar a mi nieta” – enumera Chachi.

Ella tiene múltiples razones para seguir trabajando. Acompañar a una familia por tantos años ha generado fuertes lazos de afecto, sobre todo con los niños que ella educó desde su nacimiento “Yo me siento orgullosa porque Ariana y Rodrigo son personas muy buenas. Mis niños han sido obedientes, me han hecho caso, y yo me siento orgullosa por ellos. Me parece que los he criado bien” –dice Chachi con una gran sonrisa. Los quiere tanto que, cuando no los ve, se siente incompleta y la embarga la tristeza ¿Qué pasará cuando se sienta muy cansada y ya no pueda seguir trabajando? Ahora siente algunos dolores en la columna y las piernas, lo cual hará que en un futuro deba retirarse; pero ella asegura que siempre buscará un momento para visitar a “sus hijitos”. Por otro lado, Chachi decide seguir trabajando por una razón muy importante: su familia necesita de su apoyo económico. Pese a que normalmente se piensa que los hijos son los que se encargan de sus padres cuando estos envejecen, Chachi sabe por experiencia propia que esto no siempre es así. La familia de su hijo no está en condiciones de mantener y cuidar a su pequeña nieta, por eso, en su rol de abuela, ella es la persona que vela por su futuro. "Lo que junto cuando me sobra plata, ahorro y le he guardado en la cooperativa Huancayo. Es un ahorro para más adelante, porque a esta chica, así una carrera técnica le va a costar 60 o 70 mil soles” –calcula Chachi, preocupada por la educación de su nieta. 

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